<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><!-- generator="FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)" --><rss version="2.0">    <channel>        <title>HiSToRiaS De TeRRoR</title>        <description><![CDATA[HiSToRiaS De TeRRoR Historias y Relatos de terror, Cuentos escalofriantes, vivencias]]></description>        <link>http://3094034u.blogcindario.com/</link>        <lastBuildDate>Wed, 11 Mar 2009 07:56:54 +0100</lastBuildDate>        <generator>FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)</generator>        <item>            <title>Almas Libres: Sangre y asfalto</title>            <link>http://3094034u.blogcindario.com/2009/03/00004-almas-libres-sangre-y-asfalto.html</link>            <description><![CDATA[<span style="background-color: #000000;"><span style="color: #000000;"><span style="color: #ffffff;">Un flamante deportivo rojocruzaba r&aacute;pidamente la solitaria carretera, como una saeta envuelta enfuego. El coche, un Ford Mustang de finales de los sesenta, carec&iacute;a decapota, aunque el modelo la llevara de serie.<br /><br /> Las &aacute;ridas y desiertas llanuras del suroeste norteamericano erantestigos de la alegr&iacute;a de tres j&oacute;venes, de la felicidad por vivir, yhacerlo deprisa, sin miedos. D&iacute;a a d&iacute;a, noche a noche, los tres amigosdisfrutaban mientras el viento les azotaba la cara y sus pasos seguiaban, casi por el azar, hacia un nuevo destino. Un chico rubioconduc&iacute;a: un fornido joven con un abundante pero no muy largo pelorubio cuidadosamente engominado, peinado hacia atr&aacute;s. Las formas de surostro y cuerpo desprend&iacute;an una extra&ntilde;a mezcla entre elegancia ydureza, entre Cary Grant y Arnold Schwarzenegger. Detr&aacute;s suyo, su amigode toda la vida: se trataba de un joven mucho m&aacute;s enclenque, con lacabeza rapada al 2, y tambi&eacute;n bastante m&aacute;s alto que su compa&ntilde;ero. En elasiento del copiloto, hab&iacute;a una chica; una joven de rubios cabellos,tal vez varios a&ntilde;os m&aacute;s joven que los otros dos pasajeros; su largamelena al viento y gafas de sol tapando parcialmente su bello y sensualrostro, evocaban la escena de un joven sue&ntilde;o americano: era simplementela imagen de la libertad. <br /><br /> Conforme el viento golpeaba con m&aacute;s fuerza el rostro de lamuchacha, &eacute;sta iba riendo m&aacute;s, y m&aacute;s; incluso se le escap&oacute; arrastradopor el viento el pa&ntilde;uelo rosado con lunares rojos que llevaba atado alcuello. Pero a la chica no le importaba: se re&iacute;a tanto, que inclusocontagi&oacute; al joven calvo del asiento de atr&aacute;s, conocido por el conductorcomo uno de los hombres con menos tendencia a la carcajada f&aacute;cil quehab&iacute;a visto. <br /><br />    La muchacha se divert&iacute;a. Mucho. Pero ignoraba que ser&iacute;a su &uacute;ltima vez.<br /><br /><br /> El sol se puso en Casa Grande. Sus t&iacute;midos rayos, filtrados por lacasi desnuda ventana de aquella calurosa habitaci&oacute;n de albergue,despertaron a la joven Mary. Tard&oacute; unos instantes en recordar d&oacute;ndeestaba, y cuando lo hizo mir&oacute; a su lado, sonriente. All&iacute; estaba Nick,a&uacute;n durmiendo en aquella c&oacute;moda cama, junto a ella. Otro d&iacute;a m&aacute;sjuntos, otra ma&ntilde;ana m&aacute;s sus dos melenas rubias se fusionaban en unasobre la almohada. Otra ma&ntilde;ana m&aacute;s, lo despertar&iacute;a abrazandocalurosamente su fornido cuerpo, bes&aacute;ndole, habl&aacute;ndole al o&iacute;do.<br /> -Despi&eacute;rtate, cari&ntilde;o.<br /> -Huumm... d&eacute;jame...<br /> -Vaaa hombre, despierta &ndash;Mary sonre&iacute;a tiernamente, abrazando m&aacute;s fuerte a su pareja-<br /> -&iquest;Qu&eacute; hora es?<br /> -Las diez. Recuerda que nuestra reserva es hasta las doce, hemos de ir recogiendo.<br /> -Oh, bueno. &ndash;Nick se levant&oacute; entonces r&aacute;pidamente, venciendo a la pereza-<br /> -Nos &iacute;bamos ya de Casa Grande, &iquest;verdad?<br /> -Por supuesto, pajarito. &ndash;Nick se empez&oacute; a poner r&aacute;pidamente sus tejanos, alegremente- &iquest;No te vistes?<br /> -Jo, Nick, no me quiero ir tan pronto de aqu&iacute;. Esta ciudad me gusta...<br />-Pajarito, ya sabes lo que hay. Llevas casi una semana viajando porArizona con nosotros, &iquest;No te encantaba eso de visitar una ciudad cadavez? &ndash;Nick sonri&oacute; a su chica, y &eacute;sta le devolvi&oacute; el gesto- Hemos dellegar a Utah, ya sabes.<br />-Claro cari&ntilde;o, es s&oacute;lo que... no s&eacute;, estoy un poco cansada de viajarcontinuamente, d&iacute;a a d&iacute;a. &iquest;No crees que estar&iacute;a bien quedarnos de vezen cuando en alg&uacute;n sitio, unos d&iacute;as?<br />-Pajarito, esto no es s&oacute;lo cosa m&iacute;a. Tambi&eacute;n Jason comparte mi modo devida. Los dos acordamos no separarnos nunca, comprende que debamosseguir viajando.<br />-Je... sin duda eso es lo que me atrajo de ti, cari&ntilde;o. Vives al l&iacute;mite,el presente, sigues el carpe diem al pie de la letra. Tranquilo cari&ntilde;o,nunca te abandonar&eacute;. Eso s&iacute;, &iquest;C&oacute;mo es que nunca os deten&eacute;is m&aacute;s de und&iacute;a en el mismo sitio? &iquest;No os cans&aacute;is un poco a veces? &iquest;No ten&eacute;is miedode que se os acabe el dinero de la herencia de tu padre?<br />-Eso, pajarito, -Nick sonri&oacute; una vez m&aacute;s- lo comprender&aacute;s t&uacute; misma enmuy poco tiempo. A&uacute;n has de conocerme mejor. Cr&eacute;eme que lo vas a pasarde cine conmigo, nena.<br /> -Oouh, Nick. &ndash;la muchacha se levant&oacute; de un salto, y fue a besar apasionadamente a su amante-<br /> -&iexcl;Eh, pareja! &ndash;alguien hablaba, pegando golpes al otro lado de la puerta- &iexcl;Que es para hoy! <br />Desde detr&aacute;s de la puerta, Jason met&iacute;a prisa. Resignados, Nick y Maryrecogieron su ligero equipaje, y bajaron con intenci&oacute;n de coger su FordMustang y aventurarse por las rectas y solitarias carreteras que losseparaban de su pr&oacute;ximo destino.<br /><br /><br /> Conforme el viento golpeaba con m&aacute;s fuerza el rostro de lamuchacha, &eacute;sta iba riendo m&aacute;s, y m&aacute;s; incluso se le escap&oacute; arrastradopor el viento el pa&ntilde;uelo rosado con lunares rojos que llevaba atado alcuello. Pero a la chica no le importaba: se re&iacute;a tanto, que inclusocontagi&oacute; al joven calvo del asiento de atr&aacute;s, conocido por el conductorcomo uno de los hombres con menos tendencia a la carcajada f&aacute;cil quehab&iacute;a visto.<br /><br /> La raz&oacute;n de su risa maliciosa, era que Nick hab&iacute;a avistado a unpar de personas a lo lejos, haciendo autostop: &ldquo;Ya ver&aacute;s, pajarito,vamos a darles un susto de muerte&rdquo;, fue lo que &eacute;ste le dijo a lamuchacha, mientras aceleraba al m&aacute;ximo el coche. A la chica le excitabaesa sensaci&oacute;n de superioridad, el hecho de pasar a escasa distancia deaquellos pobres diablos a toda m&aacute;quina, mofarse en su cara. Pero, loque ocurri&oacute; luego no era precisamente lo que ella se esperaba.<br /><br /><br /> El coche se encontraba en posici&oacute;n vertical, con el conductor y sucopiloto visiblemente inconscientes, y a&uacute;n sujetos por su cintur&oacute;n deseguridad. Tuvieron que pasar cinco minutos hasta que un coche lleg&oacute; allugar de los hechos y advirti&oacute;, horrorizado, la escena. Sin pensarlodos veces, el buen samaritano que conduc&iacute;a aquel Chevrolet azul acudi&oacute;al rescate de las v&iacute;ctimas; con cuidado de no tocar demasiado el coche,(no fuera que metiera la pata y aplastara a la pobre pareja debajo de&eacute;l), retir&oacute; las sujeciones de ambos accidentados y los tendi&oacute; en elsuelo. Volvieron en s&iacute; casi a la vez.<br />-Oh, dios... dios... Nick... &iexcl;Los hemos matado! &ndash;la muchacha no dejabade mirar a los dos cad&aacute;veres que yac&iacute;an a un par de metros del arc&eacute;n dela carretera, segundos despu&eacute;s de recuperar la consciencia- &iexcl;Los hemosmatado! Nick, dios m&iacute;o, &iquest;&iexcl;Qu&eacute; hemos hecho!? &iexcl;Somos unos asesinos!<br /> -C&aacute;lmate pajarito, todo va seg&uacute;n lo planeado.<br />El pobre hombre que acababa de ayudar a la pareja, escuch&oacute; confundidolas palabras del joven rubio. A los pocos segundos, Jason sal&iacute;a de laparte de detr&aacute;s del coche, arrastr&aacute;ndose y visiblemente herido, aunqueleve... apunt&aacute;ndole a la cabeza con un rev&oacute;lver m&aacute;gnum de calibre 38,el cual pronto expulsar&iacute;a una bala. <br />-&iexcl;&iexcl;Oh dios m&iacute;o!! Nick, &iexcl;&iexcl;Jason se ha vuelto loco!! &iexcl;&iexcl;Acaba dedispararle un tiro a la cabeza!! &iexcl;&iexcl;Oh dios m&iacute;o!! &ndash;Mary, nerviosa yasustada, no cre&iacute;a lo que estaba viendo-<br />Su pareja no la escuch&oacute;; estaba demasiado ocupado registrando el frescoy reciente cad&aacute;ver, en busca de su cartera. Mary, que en ese momento alfin comprendi&oacute; que se hab&iacute;a enamorado del &uacute;ltimo hombre que hubieradeseado conocer en su vida, sali&oacute; corriendo aterrorizada hacia elChevrolet azul del ya cad&aacute;ver buen samaritano. Cuando a&uacute;n le faltabanun par de metros, todo su cuerpo se desplom&oacute; hacia adelante, y de susrubios cabellos empez&oacute; a manar una fuente de sangre.<br />-Bueno, Jason, parece que sigo sin gustar mucho a las chicas. &ndash;Nickdevolvi&oacute; el rev&oacute;lver a su amigo, que contemplaba la escena a su lado-<br /> -S&iacute; Nick, definitivamente el mundo no nos comprende. Tendr&aacute;s que buscarte otro pajarito, je je je.<br /><br /> Los fugitivos registraron r&aacute;pidamente los tres cad&aacute;veres cuyacartera a&uacute;n no estaba en sus manos. Despu&eacute;s de contar su bot&iacute;n (noventad&oacute;lares), entre risas, subieron al Chevrolet azul a&uacute;n aparcado en elarc&eacute;n de la larga carretera, y emprendieron una vez m&aacute;s su viaje sinfin, sin destino.<br /></span></span></span>]]></description>            <pubDate>Wed, 11 Mar 2009 07:54:16 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>CASTIGO DEL TIEMPO</title>            <link>http://3094034u.blogcindario.com/2008/01/00003-castigo-del-tiempo.html</link>            <description><![CDATA[CASTIGO DEL TIEMPO<br /><br />Momentáneamente, el aislado cuarto sin ventanas quedó envuelto en la penumbra a causa de una violenta variación en el voltaje. Un clic metálico se escuchó de pronto, y una nube de color verdoso brillo bajo la pálida luz de una lámpara de escritorio. Roger Krankeit sonrío complacido; no tenía fuerzas para más. Su mayor invento, finalmente, estaba hecho. Después de días y noches de trabajo y sufrimiento, la mayor creación de la imaginación humana había tomado forma: Krankeit acababa de inventar la tan soñada máquina del tiempo. Orgulloso, contempló con deleite el pequeño artilugio lleno de cables y minúsculos botones. Era pequeño, en efectoperfecto para ser utilizado cuando Krankeit lo dispusiera; perfecto para cumplir todas las posibilidades que había imaginado. Podría viajar al pasado y absorber el conocimiento de las épocas y los grandes científicos. Conocería a Bohr, Einstein o al mismo Galileo. Mejor aún, viajaría al futuro y utilizaría sus conocimientos para aplastar a los hombres de ciencia modernospodía hacer todo lo que quisiera.<br /><br />Pero la ambición de Krankeit fue más allá de lo que había imaginado hasta entonces.<br />Sus pensamientos formaron una idea ansiosa y punzante: iría hasta el momento en que el hombre apareció en el mundo. Contemplaría a los primeros humanos y, tal vez, hasta podría convertirse en una figura de adoración al revelarles secretos y enseñanzas. Sísería un Dios para ellos.<br /><br />El artilugio emitió un largo zumbido y dejó escapar una nube de humo amarillento por su punta en forma de espina. Estaba ansioso por ser utilizado<br />¡Al diablo el presente! Krankeit escaparía hacia el pasado y formaría su propio futuro, un futuro en que el fuera el hombre más grande. Presionó algunos botones y su máquina quedó lista para el viejo. Antes de ello, Krankeit se dirigió hacia un destartalado escritorio y tomó un viejo y pesado revólver de calibre .45 Colt.<br />Potencia, justo lo que requería para su expedición. No sabía con que bestias prehistóricas podía enfrentarselo mejor era ir bien preparado. Guardó el arma en un bolsillo de su blanca bata de laboratorio y tomó entre sus brazos al pequeño artilugio. Bajó un par de palancas e –inmediatamente- una niebla obscura y espesa cubrió sus ojos.<br /><br />Una nausea terrible se apoderó de el y sintió que la cabeza se desprendía de su cuello. La niebla, poco a poco, comenzó a disiparse, y Krankeit pudo ver con claridad. No se encontraba ya en su miserable cuarto de trabajo. Ante sus ojos se extendía una llanura gigantesca y solitaria. En el cielo brillaban tres soles anaranjados, y una serie de arbustos completamente desconocidos poblaban el suelo fértil, hirviente de insectos negros y asquerosos. Algunas cuevas, probables refugios de bestias, podían ser observadas a lo lejos, y Krankeit dirigió sus pasos hacia ellas; la fascinación inicial se había convertido en la ansiedad del descubridor. Al acercarse a una gruta y encontrarla vacía, escuchó un ruido sordo que provenía de su espalda. Giró su cuerpo y dejó escapar un grito al observar la cosa que había estado detrás de el. Un ser horrendo, semejante a un mono deforme, lo miraba detenidamente con unos ojos gigantescos y brillantes. El ser caminaba a cuatro patas, siendo estas velludas y enormes, como las de un gorila. El monstruo abrió su horrenda boca, dejando ver una hilera de dientes putrefactos y una lengua negra, mientras emitía un aullido temible, salvaje. Krankeit no esperó más. Con un movimiento rápido echó mano de su revólver y descargó un tiro contra la bestia. La detonación sonó brutalmente, y el eco se encargó de repetirla. El monstruo cayó al suelo, herido fatalmente. Por un momento intentó arrastrarse por el suelo, dejando un camino de sangre verde y hedionda, pero Krankeit apretó el gatillo de nueva cuenta. La bala penetró en uno de los ojos de la bestia, destrozando su cerebro y matándolo finalmente. Todo quedó en profundo silencio después. La pequeña máquina del tiempo gritó a su manera, con un zumbido profundo y metálico. Sobresaltado, Krankeit contempló con horror como el artilugio comenzaba a desmoronarse poco a poco. Como si un terrón de polvo deshecho por el viento se tratara, la máquina desapareció con lentitud, quedando en su lugar el vacío más completo. Por un momento<br />Krankeit quedó en shock, pero eso duró poco, puesto que no pudo evitar llorar de pánico al ver que él mismo se desintegraba. Manos, piernas, brazossu cuerpo se deshacía inevitablemente, hasta que no quedó absolutamente nada. En la llanura silenciosa, sólo permanecieron los insectos, que quedaron destinados a dominar la tierra desde ese momento. Miles de años de civilización humana se desintegraron con<br />Roger Krankeit. Con su pesado revólver .45, había matado al primer antepasado del hombre.]]></description>            <pubDate>Tue, 08 Jan 2008 04:12:14 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>CARA DE CUERO</title>            <link>http://3094034u.blogcindario.com/2008/01/00002-cara-de-cuero.html</link>            <description><![CDATA[CARA DE CUERO<br /><br />Una idílica tarde de verano se convirtió en una pesadilla. Durante treinta<br />años los expedientes acumularon polvo en la sección de casos no resueltos del FBI.<br />Más de trece piezas de evidencia fueron recogidas en la escena del crimen, la<br />residencia Hewitt. Los hechos acaecidos llevaron a una de las leyendas más bizarras<br />de los anales de la historia americana: "La Masacre en Texas”<br /><br />Silencio. Debía hacer silencio.Sabía que su vida dependía de ello.<br /><br />No importaba cómo se había metido en esa situación, no importaba que iban a Dallas,<br />no importaba que llevaba un regalo para su tía Maggie, nada de eso tenía sentido<br />ahora. Ahora lo único que tenía importancia era que tenía que permanecer callada,<br />con el cabello pegado a la piel por el sudor, inmóvil. Tal vez hasta tendría que<br />parar de respirar. Tal vez hasta pararía de respirar y se ahogaría ella misma y, si<br />eso pasaba, todavía salía ganando. Porque todo era mejor que eso. Cualquier cosa era<br />mejor que parar como todos los demás. Él estaba ahí afuera. Ella sabía que él estaba<br />ahí y él sabía que ella estaba ahí. De pronto la carretera de Tejas había dejado de<br />pertenecer a Los Estados Unidos de América para ser un anexo de la República Popular<br />del Infierno. Sólo que a nadie se le ocurrió avisarle a ellos.<br /><br />El calor. Maldito calor. Cuando es de noche ¿No se supone que debe hacer frío?<br /><br />Karen trató de absorber todo el aire que pudo con la boca, cerró los ojos y los<br />apretó para no llorar. Empezó a temblar violentamente y tuvo que abrazarse para<br />controlarse. Porque Él lo sabía todo. Él le había dado caza y si ella se<br />movía, aunque fuese un mínimo temblor, Él lo notaría, la sacaría del armario, la<br />tiraría contra el suelo y la descuartizaría con su sierra. Porque así había pasado<br />con todos los demás. Y de cierta manera trastornada, Karen deseaba que sucediera de<br />una vez, porque así todo terminaría. No le importaba si el malnacido la cortaba<br />en pedacitos, se la llevaba a su casa, se la ofrecía a su familia, le echaban<br />pimienta y se la comían. No le importaba eso. Hasta podría salir del armario y rogar<br />por que el golpe con la sierra fuese fatal y rápido. Hubiese salido, de no ser<br />porque sí le importaba.<br /><br />El calor. Hacía calor, demasiado calor como para poder pensar. Una gota de sudor<br />bajó desde su frente hasta sus párpados y se metió poco a poco en sus ojos,<br />haciéndoselos arder. Pero no se la limpió ni se restregó la cara. Por favor, Karen,<br />en este momento no, después puedes moverte todo lo que quieras,<br />después puedes bailar lambada si quieres, pero en este momento no te atrevas a<br />moverte.<br />Una pulsada de dolor le latió en el anular derecho y casi le arranca un quejido.<br />Cuando estaba corriendo de la camioneta (es decir, cuando tuvo que saltar por la<br />ventana, porque Él estaba tratando de entrar por la puerta), cayó sobre el suelo de<br />tierra y piedras apoyada en su mano vertical. Se partió unas uñas y se fracturó el<br />dedo. Sólo se dio cuenta mucho después. Había escuchado de las reacciones físicas<br />provocadas por el miedo, pero nunca se imaginó que fuesen tan poderosas. Se había<br />roto el dedo y golpeado con fuerza la rodilla, pero en ese momento ni siquiera se<br />percató de ello...<br />(porque Él estaba ahí...)<br />se levantó y corrió<br />(detrás de ella con la sierra)<br />hacia la oscuridad del bosque<br />(e iba a matarla)<br />hasta que se la tragara.<br /><br />Ya habían pasado<br />varios minutos desde que se había escondido en la casa (con la muerte pegada a los<br />talones) y no habían señales de Él por ningún lado. No sabía decir cuántos minutos<br />llevaba escondida, pero eran varios. Tal vez más de los que sabía, porque en esta<br />parte de la República Popular del Infierno el tiempo pasa como un fantasma, a veces<br />rápido, a veces lento. La sierra no se dejaba escuchar ni olía el combustible. Tal<br />vez se había rendido y se había ido a su casa. ¿Por qué no? Después de todo, ya<br />tienen otras cinco piezas de carne que pueden cenarse.<br />No pudo creer que había pensado algo tan monstruoso como aquello y, en ese instante,<br />sólo quiso vomitar de asco por sí misma y morirse. No eran cinco piezas de carne,<br />eran sus amigos. Una de esas piezas de carne era su novio. El novio que ella amaba y<br />con el que iba a casarse, el novio con el que había planificado el sueño de una<br />vida. De todas las personas<br />en el mundo ¿Por qué a ella? Todo esto era mentira, tenía que serlo. Era una gran y<br />larga pesadilla, de esas que son tan lúcidas que parecen de verdad. Eso tenía que<br />ser. Eso tenía que ser porque era imposible que existiesen personas tan enfermas y<br />tan malvadas como para hacer lo que le estaban haciendo. Dios no podía permitir<br />semejante cúmulo de maldad en el mundo.<br /><br />(Es que no estás en el mundo, cielito. Estás en Las Montañas de la Locura, circulo<br />siete del infierno, más allá de dónde Dios alcanza. Y así tratamos a los forasteros<br />por aquí. Porque yo conozco a las de tu tipo, pequeña perrita. Sólo desprecio y<br />crueldad para mi muchacho. ¿A alguien le importa lo que me pase a mí y a mi<br />muchacho?)<br /><br />Basta. Basta, Karen, basta. Te estás volviendo loca. Necesitas todo lo que puedas de tu mente<br />para cuando le digas a la policía lo que pasó. Tienes que describirlo, tienes que<br />decirle como es la casa, como es la familia, como la sierra, bajo el sol, refleja<br />los dientes en tus ojos como un aguijonazo. Bueno, la policía iba a aparecer. Tarde<br />o temprano, la iban a sacar de ahí. Había una van hecha trizas, con manchas de<br />sangre, en el medio de la carretera. Una patrulla iba a pasar, la iba a encontrar e<br />iba a pensar que era raro. Empezarían a buscar y darían con ella, vivita y coleando.<br />No importaba que ella se veía tan sucia como un prisionero en un campo de<br />concentración, ni que se había orinado en los pantalones cuando vio al Cara de Cuero<br />por primera vez. El olor, ahora intensificado por el calor, lo rodeaba todo. Era<br />posible que el Cara de Cuero la atrapara siguiendo sólo el olor. Después de todo, no<br />es un ser humano. No es un pobre desgraciado con un problema en la piel, como dijo<br />la Abuela. No es un psicópata que usa caretas de pieles humanas para esconder su<br />cara. No es un asesino enfermo que usaba una sierra mecánica para matar y que en ese<br />momento estaba portando la cara de su novio como una máscara. Era un demonio salido<br />de los más oscuros pozos del tormento, una bestia omnisciente cuya herramienta, la<br />sierra, parecía estar pegada a sus dedos, cual espada de Damocles. Todavía lo veía<br />persiguiendo a Donna. Karen grita “¡Corre!”. Donna se mueve como en cámara lenta, se<br />tropieza y se cae al suelo. El Cara de Cuero la alcanza. Donna coge una lámina de<br />metal del suelo y la interpone como un escudo. La sierra echa chispas cuando choca<br />con la lámina. Karen debió hacer algo en ese momento, como coger un tronco grande, ó<br />el bate de Tobe, y darle por la cabeza al mostrenco ese. Pero en vez de eso se quedó<br />ahí, parada, congelada de miedo, mirando la escena. Su cerebro le ordenaba que se<br />voltease y que corriera lejos, pero no había conexión. Las órdenes no llegaban a sus<br />piernas. La sierra pasa resbalando al suelo de tierra, Donna tira la lámina, se<br />levanta y empieza a correr otra vez. Pero Cara de Cuero hace algo con la sierra. En<br />un segundo la levanta sobre su cabeza con las dos manos. En el siguiente la balancea<br />hacia atrás y en el siguiente la balancea hacia delante, por debajo de la cintura de<br />Donna. Hay un ruido, como el de una rama fuerte que se rompe cuando la pisas. Karen<br />ve unas gotas negras en la oscuridad salpicar el suelo y algo se desprende de Donna.<br />Donna cae al suelo y trata de agarrarse la pierna derecha, pero no hay más pierna<br />después de la rodilla. Hay un nuevo olor, un olor penetrante, el olor de la sangre.<br />Donna grita, Karen grita, el monstruo robusto de casi dos metros hunde la sierra en<br />el bulto que yace en el suelo y que antes se llamaba Donna. Donna deja de gritar.<br />Cara de Cuero se voltea hacia Karen y, por un breve momento, Karen se da cuenta de<br />que la cara del asesino es la misma cara de Tobe, con ciertos defectos, claro,<br />porque la piel no es perfectamente elástica. Hay que curtirla un poco y aplicarle<br />algunas cremas hidratantes y esos campesinos no tienen nada de eso por aquí. La<br />película se nubla y Karen trata de salir corriendo. Pero, oh, ya es demasiado tarde,<br />Él la ha atrapado...<br /><br />Cuando recuperó la conciencia lo primero que pensó fue que estaba muerta y que<br />estaba conociendo el más allá. Luego siente sofocación, dolor de cabeza, calor y el<br />dedo le duele. Dolor es igual a vida. Por un instante se sintió enormemente<br />desgraciada de estar viva, por primera vez, luego el sentimiento desaparece cuando<br />por encima de su cara aparece otra, portando el sombrero de alguacil. Gracias a<br />Dios, gracias, tiene que ayudarme, trató de decir, pero sólo murmuró<br />“Mmmmmmaaaaaaaa—gggg-------aaaaa”<br />- Shhh- dijo el alguacil – Tranquila, cielito, tranquilita-<br />- Por... ayude... amigos...- balbuceó<br />- Ya, ya, están aquí todos-<br />Karen trata de mirar alrededor, pero se siente confundida, perdida, como si<br />estuviese pasando por un viaje de LSD. En un principio parece un palacio, pero luego<br />va tomando forma y es una cocina, polvorienta y hay óxido en la puerta del<br />refrigerador. Hay algo en una enorme olla que parece familiar...<br />(un brazo)<br />pero Karen descartó la posibilidad de estar viendo algo así. La pesadilla había<br />terminado, aún cuando nada de lo que pasaba ahora carecía de sentido.<br />- ¡Abuela!- grita un niño afuera de la casa -¡Abuela, déjeme entrar!-<br />Una mujer aparece, con un peinado anticuado, y lentes. Sus ojos son claros. Karen se<br />sintió ridícula, se parecía a su propia abuela.<br />- ¡Tú quédate afuera con los perros!- grita la Abuela -¡Hasta que aprendas a seguir<br />las reglas!-<br />Todo es confuso y extraño, pero Karen recuerda a la Abuela, cuando les ofreció ayuda<br />en la carretera, poco después de que la camioneta se descompusiera. Definitivamente,<br />cuando algo malo va a pasar no hay manera de escaparle al destino.<br /><br />Unas manos la manosean descaradamente y vuelve en sí, mirando al Alguacil.<br />- No te vas a ir a ninguna parte, niñita-<br />Karen toma una bocanada de aire y trata de moverse, de escapar, pero no puede. El<br />Alguacil sujeta su cabeza entre sus manos. Por ese momento, es suficiente para<br />controlarla.<br />- Dale un chance- suena una voz masculina en la cercanía<br />- ¡Tommy!- grita la Abuela - ¡Mira el jodío desastre que hiciste en la casa<br />persiguiendo al ganado!-<br />- Nah, mama- dice el Alguacil – Tommy es un buen muchacho-<br />- Un muchacho muy dulce- dice una voz femenina<br />- Usted cállese, cretino- le dice la Abuela al Alguacil<br />Karen levanta una mano y trata de apoyarse. Lo consigue a medias.<br />- Por favor... déjenme ir-<br />La Abuela se quita los lentes y la mira cara a cara, con una sonrisa solemne, la<br />sonrisa de quien ya ha recibido esa petición en el pasado.<br />- Pequeña perrita- dice<br />Karen trata de preguntar por qué le hacen esto, por qué le hacen daño, pero no logra<br />emitir ningún sonido. Alguien cocina carne cerca.<br />- Yo conozco a las de tu tipo- dijo la Abuela – sólo desprecio y crueldad para mimuchacho-<br /><br />Hay un rumor al fondo, un rumor gutural. No es de ira, sino de tormento. Es un rumor<br />adolorido de quien ha escuchado eso miles de veces, de quien ha sido torturado por<br />esas palabras.<br />- Todo el tiempo mientras crecía. Burlándose de mi pobre Tommy. ¿Acaso a alguien le<br />importa lo que me pase a mí y a mi muchacho? ¿AH?-<br />- ¡Ayúdenme! ¡Por favor!- gritó Karen<br />- ¡Tommy! ¡Ven acá y controla a tu novia!- llamó la Abuela<br />Karen lo sintió todo como si fuese con otra persona, como si se refirieran a una<br />miss Universo de un país lejano, como si lo viese todo a través de una pantalla.<br />Creyó que Tommy y su novia eran una parejita bonita, como la que hacía ella con<br />Tobe. Entonces baja la mirada y comienza a gritar y a patalear cuando el Cara de<br />Cuero atraviesa el umbral de la puerta, viniendo por ella.<br />- Ya le daremos un buen uso a esa carnita tuya- dice el Alguacil<br />Hay un flash y lo único que Karen sabe es que está corriendo en medio de la<br />oscuridad y que lleva al Cara de Cuero a las espaldas, escuchando a la sierra como<br />si la tuviese encima. Alcanza a ver la casa abandonada en medio del bosque y entra.<br />Voltea y ahí está él, detrás de ella, vistiendo un delantal de carnicero manchado<br />con sangre. Karen cierra la puerta y recorre la casa. Encontró el armario y se<br />escondió en él. Y ahí seguía ahora. Podía pasarse el resto de su vida ahí metida.<br />Piezas de carne, los Simpson, Tommy y su novia, ¿Qué mas seguía? ¿Cómo perdí la<br />virginidad? Es impresionante la cantidad de basura que te tira la mente cuando no la<br />tienes ocupada en algo. En algo productivo, es decir. En este momento Karen se<br />sentía distraída de todo lo demás, sólo podía pensar en Él, su presencia era<br />completa y...<br /><br />Un sonido. Eran pasos y estaban en la casa. El Cara de Cuero la había encontrado.<br /><br />Karen no habla nunca de su experiencia en el desierto tejano, y es que no la<br />recuerda. Afortunadamente, la mente humana tiende a olvidar, a borrar de la memoria<br />los eventos estresantes, los momentos de intenso shock. Es la única forma que la<br />memoria tiene de defenderse a sí misma, porque si no existiera, estaría loca.<br />Todavía no puede dormir sóla ni con la luz apagada, tiene pesadillas muy a menudo,<br />por no decir a diario, y no sabe por qué, no puede comer carne. Los policías que la<br />encontraron dijeron que cuando la hallaron, tirada en el medio de la nada, estaba<br />tan cubierta en sangre y tierra que creyeron que estaba muerta. Luego se despertó de<br />golpe y empezó a gritar “¡nos comimos a Uther! ¡Nos comimos a Uther!”. No sabían de<br />ningún Uther por la zona y, cuando Riggs, uno de los oficiales, le contó a su mujer<br />esa noche lo que había pasado, lo hizo diciéndole:<br />- Esa chica debió de ser linda en otro momento. Pero todo lo que pude ver fue la<br />mirada perdida y vacía de los locos, de los que viven en sanatorios mentales. Esa<br />chica estaba muy mal. Pobrecita... pobrecita...-<br />De más está decir que no puede subir a un vehículo de motor ni escuchar una<br />motocicleta cerca, porque le entran ataques de nervios violentos y las enfermeras<br />deben administrarle calmantes. Ciertamente la chica pasó por algo terrible, algo<br />realmente horroroso, pero es una lástima que no pueda contarle a nadie lo que pasó.<br />Tal vez si pudiera ayudaría a salvar una ó dos vidas. Ayudaría a otros a poder<br />escapar de la sierra mecánica que dejó huellas de sangre en las arenas del desierto<br />tejano.]]></description>            <pubDate>Tue, 08 Jan 2008 04:10:17 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>LA OBSCENA DENTELLADA DE LA NOCHE</title>            <link>http://3094034u.blogcindario.com/2008/01/00001-la-obscena-dentellada-de-la-noche.html</link>            <description><![CDATA[LA OBSCENA DENTELLADA DE LA NOCHE<br /><br />El hombre es como el diablo;<br />que viene, pero no se sabe cuándo.<br />Refranero popular extremeño<br /> <br /><br />    Vi aquellos signos en la pared y supe que estaban preparando mi muerte.<br />    Desde que llegué a esta pequeña aldea rodeaba de verdes bosques sospeché que algo me iba a pasar; no fue sólo la impresión que le daba la noche al pueblo y hacía que se desdibujasen los contornos entre la niebla; ni siquiera las palabras entreoídas al pasar cerca de alguna puerta entornada al volver de mis largos paseos por los alrededores; fue sobre todo el encuentro con restos de ho gueras recientes que yo jamás había visto en la noche pese a acostarme tarde, las extrañas formas circulares que quemaban el suelo, los restos de huesos de pequeños animales los que me pusieron en alerta y me hicieron poco a poco ir prescindiendo de mis largas caminatas antes tan reconfortantes.<br />    Se bien que no podía prescindir de la plaza como maestro rural sin crear sospe chas, tampoco podía regresar a mi amado pueblo extremeño de Oliva de la Frontera con las manos vacías y un fracaso como resultado del primer trabajo decente que me había surgido en años; por eso me decidí a esperar, a sospechar de cada uno de mis alumnos, a aprender a ver más allá de aque llas ancianas que paseaban por las calles, siempre enlutadas, con una aparente docilidad fingida y una expresión  de un profundo dolor, que se refleja en sus rostros y en sus andares tan lentos como flexibles pese a la edad que parecen arrastrar.<br />    Me decidí a esperar, velando cada noche, encerrado en esta húmeda y vieja casona, apenas sin dormir y vigilando siempre el nocturno cielo nublado por ver si conseguía distinguir una luz en el bosque, las huellas de alguna hoguera, algo que me sacara por fin de mis dudas aunque sólo fuera para caer en algo aún más terrorífico que esta espera sin sentido.<br />    Por eso, cuando vi aquellos signos en la pared, supe que estaban preparando mi muerte. Fue así de sencillo, una revelación que me liberaba de la angustia anterior; pero que me dejaba aún más confuso y asustado. Estaba claro, no sabía porqué, pero estaba claro. Aquellas señales circulares en una esquina lateral de la casona marcaban un punto de inflexión, el momento esperado por las gentes de la aldea para cumplir uno de los ritos más macabros, el que se produciría aquella noche con mi sangre corriendo.<br />    Más tarde supe que estaban preparándome para aquella fecha; que yo era tan sólo el eslabón de una larga cadena, que esa presen cia hostil desde mi llegada a la aldea estaba prevista, que mis sospechas y mi miedo era conocido por todos y que estaban esperando una señal, una fecha concreta para venir en mi busca; y yo, sin saberlo, se la proporcioné con facilidad.<br />    Aún con un leve dolor de cabeza y un malestar en la boca del estómago sigo sin tiendo esta angustia, este pavor que me produce escalofríos y distingo claramente de la humedad y el frío de la noche. Una pasto sidad en la boca y un hormigueo constante me hacen tomar consciencia de lo que ha pasado, tengo una terrible sed. Me levanto despacio y apoyo los pies descalzos en el suelo, donde noto una profunda y lejana respiración, como si la tierra conociese mi presencia y me quisiese acompañar, o como si me marcasen un ritmo desde lo más profundo de la tierra que hubiese que seguir prescindiendo de la voluntad. Apoyo los pies descalzos en el suelo y con la certeza de que todo está ya preparado vuelvo a oler el vaso que se encuentra a mi izquierda en la mesilla... aconitina, sin duda. Cómo llegó a la botella de ribeiro casero es algo fácil de entender. Qué pretendían con ello...me llena de una angustia azulada y espesa. Retumba bajo mis pies el suelo como si de un lejano tam tam se tratara mientras contengo mi sed y logro convencerme de que es mejor seguir aquí en pie, de que si me bebo otro vaso de vino podré acabar con todo de una vez y liberarme así de este terror a lo desconocido, de este temblor terrestre que no se bien si es real o si es una secuela más de esta intoxica ción provocada.<br />    Guiado por una extraña fuerza interior avanzo por la habitación, tambaleándome como un enfermo recién levantado, con la mente ocupada en descifrar la secreta clave de aquel sonido lejano mientras mis manos se aferran al marco de una puerta, y luego al de otra, y consigo salir a la fría noche lloviznosa que me despeja y me hace sentir la fatalidad de mi destino, pero me hace a la vez comprender que aún tengo tiempo de escapar, que no volverán a por mí hasta que acabe la fiesta nocturna y comience la cere monia como un rito de carne y sangre, de purificación y pecado. Me tambaleo por las callejas de la aldea y busco una salida hacia el bosque que no me conduzca a las hogueras encendidas que, ahora sí, resplandecen en las oscuridad. Entre tropiezos, con arcadas y una terrible sed logro contener mi miedo y avanzo, me caigo, me incorporo y sigo el oscuro sedero que me marcan la noche y el azar. Camino con la desesperación del moribundo y con la certeza del condenado, mien tras un color rojizo se va apoderando del cielo y noto como el suelo tiembla cada vez más cercano bajo mis pies descalzos, ya sangrantes por las piedras y las ramas.<br />    El estruendo subterráneo es cada vez mayor; siento como todo me da vueltas,                       cómo la llamada terrestre se hace cada vez más cercana y sin saber como ni porqué me siento arrastrado por este temblor; como en un baile horrendo y tenebroso al que nos sentimos invitados aunque sepamos que seguirlo significaría nuestra destrucción. Me siento arrastrado  e intento escabullirme tras unos matorrales, me arrastro en el barro producido por esta leve llovizna, me acerco a un claro del bosque y mi sangre se detiene al contemplar la visión que muestran mis fatigados ojos entre las hogueras y el humo de olores crueles y sugerentes.<br />        Cabriolas en el aire, bocas deformadas en terribles y escalofriantes gritos de gozo y dolor, cuerpos retorcidos que se revuelven y se juntan, se separan, se vuelven a unir en una desesperada y agonizante orgía carnal, labios que muerden y besan, que muerden y escupen, labios carnosos que incitan al sexo y a la más cruel violencia, pechos descubiertos, saltos entre las hogueras, ojos desorbitados, alaridos infernales de pavor y de orgasmo, penes de enormes dimensiones desgarrando profundas y húmedas vaginas, olor a carne podrida y flores de invierno, a hojas caídas y tumefactas y sudor de mujer entre las sábanas, largos cabellos azotados por el viento, lluvia que cae sobre las espaldas arqueadas y las purifica antes de una nueva perdición, sabor dulce de pecado, sabor amargo de fluidos corporales, luz ambarina, roja, negra, luz titilante de hogueras, cuerpos muertos, cuerpos vivos y muertos, cuerpos que viven y mueren, que caen y se levantan, que se yerguen y sucumben entre golpes, azotes y mordiscos, besos y caricias, abrazos desesperados y una confusión caótica de belleza y pasión, griterío incontenible en torno a la figura extática y sublime que se yergue entre todas, rodeada de un fulgor rojo cobalto que hace destacar su imponente cuerpo de diosa entre las deformes presencias a su alrededor, figura que se eleva sobre el suelo y flota dentro de un círculo abrasa dor trazado en el suelo, que mira y no ve, que se superpone a todo y rige todo, que provoca y excita, que aterra y seduce, que pronuncia oscuras palabras en una voz susurrante y lejana que apenas se logra distinguir entre los alaridos y el tremendo sonido de la tierra en movimiento, del suelo que acompaña esta danza macabra y rodea en vibraciones a la esbelta figura central de esta danza -o meu corpo de terra i o meu cansado esprito, expectro dunha paixón morta- que susurra en la lejanía las palabras que llegan hasta mi oído y hacen que se haga de pronto un silencio en torno a mi. Ya sólo escucho las sugerentes palabras para mi pronunciadas y el sordo y profundo latido de la tierra -e o sangue corre- que me rodean y me hacen avanzar en cortos pero decididos pasos entre las figuras que se retuercen, que me hacen avanzar sobre las hogueras y las brasas, sintiendo una dulce quemazón en las desnudas plantas de los pies -matar por no morrer- fijos los ojos en el cuerpo desnudo que flota dentro del círculo y ahora me tiende los brazos. Me aproximo a ese cuerpo moreno y sudoroso, ese cuerpo femenino que me llama entre susurros, que me tiende sus curvas, sus bien formadas caderas, sus pechos duros y esbeltos -ser a mellor muller-, que por fin alcanzo y se entrega mí dentro de este círculo dibujado con fuego en la tierra que nos acompaña con sus cada vez más intensos latidos.<br />    El temblor de la tierra me acompaña mientras la poseo. Noto como se retuerce debajo de mí, como -los ojos cerrados- gime de placer bajo mi cuerpo. Me clava sus largas uñas en la espalda y el dolor es grato. Se acerca a mí y me muerde el hombro y mientras mana la sangre el daño es exquisito. Miro nuestras entrepiernas unidas que se mueven al compás del latido del mundo, miro la sangre en su pubis de la virginidad perdida y siento un terrible dolor, insoportable e indescriptible, y estallo en un gemido de terror al mirar sus ojos -por fin abiertos- y ver como me observan esas frías pupilas de fuego, esos ojos encendidos que se burlan de mi terrible sufrimiento. Me aparto de su cuerpo y descubro que las manchas de sangre que provienen se su vagina son mías. Descubro en su vulva, entre el semen y la sangre, unos agudos dientes, unos dientes tan amenazantes como su mirada, unos dientes que ya han logrado su objetivo; y pierdo el conocimiento mientras contemplo aterrado, mientras me desangro, su cuerpo perfecto y su estremecedora mirada coralina que me busca e indaga entre mis sufrimientos, eligiendo a su antojo, de entre mis recuerdos más ocultos, aquel que se apropiará como alimento.<br />            Desperté con una blanquecina sensación de angustia y una dolorosa impresión de haber sido apaleado. Mis huesos crujieron durante más de dos semanas y las cicatrices producidas en aquella noche me duraron varios meses. A partir de ese momento me he dejado llevar por la vida, sin responder a ningún otro estímulo externo. No me extrañó levantarme en la cama de la vieja casona y que me atendiesen casi todas las ancianas de la aldea con un cariño antes desconocido, tampoco me sorprendió demasiado seguir recibiendo el sueldo mientras la escuela no funcionaba y yo me dedicaba a vagar por el bosque; el porqué sigo con vida y respiro cada mañana la brisa que viene desde el monte hasta mi habitación no podré saberlo nunca, pero cuando contemplo las pequeñas cicatrices que rodean mi pene me siento vivo y presiento que jamás podré ser tan feliz como lo fui aquella noche que guardo entre mis mas horrendas pesadillas. Ahora sólo vivo con el temor y la esperanza de volver a encontrarme con aquel demonio-hembra de piel suave y morena, ojos indescriptibles y entrañas húmedas y expectantes; aunque esta vez su vaginal mordisco me vacíe por completo y me absorba con ella hasta lo más profundo de su satánica presencia.]]></description>            <pubDate>Tue, 08 Jan 2008 04:08:28 +0100</pubDate>        </item>    </channel></rss>